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Desde el Malecón podía contemplarse
(a Diana Miloslavich)
Desde el Malecón podía contemplarse
El color turquesa pajizo de las olas del mar
Y el sepia del recuerdo en el horizonte y el verano
Mi amiga, bienamada, camina sin mayor prisa
Brillan sus grandes ojos inquietos
Asoma su belleza croata bajo el tórrido sol de febrero
Y se confunde con los rayos del Océano Pacífico
Mientras me cuenta la vida de Lacán
Y algunas anécdotas cotidianas
Evocamos a Esther y los libros de Magdala
Alguna vez fuimos felices las tres
¿Hoy cómo intentar cubrir las ideas radicales,
el vientre rollizo y mi viejo dolor a los huesos?
Ella ¿cómo podría ocultar la desilusión pasajera?
¿El silencio concreto de los otros?
No, no nos dejamos vencer
Pues una no nace, sino que se convierte en mujer
Somos responsables de nosotras mismas
Mujeres, lectoras de la feminista Simone de Beauvoir
Y perduramos cerca a sus páginas existencialistas
Y le decimos no al capricho de los dioses solitarios
Cuyas fábulas de amor dejan mucho que desear.
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